martes, 20 de diciembre de 2016



Continúo en los residuos de ese día fatal. De un primero de marzo del dos mil catorce. Residuos de dolor. Aunque ya no pueda llorar. De repente pierdo el control y lloro hasta que se me va el aire. Y luego ya no.  Más bien. No quiero. No me dan ganas. No me sale. Porque siento que ya no me duele. Porque quizás ya este destrozada y no lo pueda estar más. Me hice inmune a tus ataques. De alguna forma ya no sentía esas palabras de desprecio. Tampoco lo vi en tu mirada. No sé. Quizás solo es negación.
Solo puedo imaginarme tus ojos. Esos ojos hermosos. Ojos que no había tenido jamás. Que les imagine a mis hijos. Que me imagine hasta el día en que me muriera. Ya había llegado el tiempo en que yo también ya no quería más seguir intentando. Porque no veía resultados satisfactorios. Solo veía confusión. Me sentía inútil. Y es que pocas veces me siento de ánimo como para dejar que las cosas pasen sin importarme. Así como hoy. Hoy no me siento mal. Hasta me reí un par de veces. Me pinte las uñas. Comí. Hay otros días en los que sólo quiero dejarme morir. De cualquier forma. Pero morir.
A veces pienso que no me quisiste. Que no lo hiciste. Por más que lo dijiste e intentaste demostrar. Qué es el amor sin la confianza? Cuándo fue que me tuviste confianza? Me conociste así. Cabrona. Que no me quedaba quieta. Que yo hacia lo que quisiera. Qué fue lo que cambió? Siempre si ya no te gustó? Qué ya no te gustó y aun así no tuviste los huevos para decir ya no y te seguiste enamorando? Debiste largarte si no ibas a aguantar vara a lo que fuera. No te quedó claro nunca que para que yo no te quisiera solo era cuestión de no querer quererte? Que si yo quería amarte y entregarme solo era cuestión de querer? Y qué crees culero. Te quise. Y me entregué y te amé cabrón.  Con toda mi alma, mi corazón, mi fe. Qué no te diste cuenta que yo sí domino mis sentimientos? Que soy capaz de querer, de amar, a voluntad? Tal vez de dejar de querer y amar no. (por que si no ya hubiera dejado de amarte) Pero para eso hay que desocupar el lugar. Cómo te iba a querer tanto como te dije, cómo te iba a amar tanto como lo hice si no hubiera habido lugar? Si no hubiera sacado a cualquier otra persona de mí para tenerte exclusivamente a ti.
Pues así es. Si yo tomé una decisión de nunca hacerte lo mismo que le hice a él nunca lo haría. Porque me gusta tener palabra conmigo misma. Además. Nunca se lo hice por gusto. No me hubiera atrevido. No lo había hecho jamás.  Se lo hice por despecho. Porque él no me quería como yo a él. A ti no te lo hice. Ni lo he hecho. Ni quisiera hacerlo. Porque yo sabía que tú me amabas. Que no podía ser tan culera u ojete haciéndote algo así porque no podría conmigo misma, con mi conciencia. Simplemente porque no me nacía. Porque mi conciencia es una de las pocas cosas que no controlo. Porque TÚ ME QUITASTE LAS GANAS DE ESTAR CON ALGUIEN MAS. Ahora quizá mi punto de vista sea distinto. Viendo que no quieres ya nada de mí. Pero no. Tampoco tengo ganas de hacerte daño. De ser culera por lo culero que fuiste conmigo.  Bueno sí. Ganas de hacerlo sí, para que ahora sí tengas razones REALES para haber mandado a la mierda todo y que pienses de mí lo peor CON PROVECHO. Pero no quiero. Porque el amor que te tengo (tuve, tenía o todavía no sé) no me deja. También porque sé que algún día lo sabrás. Te darás cuenta que fue así. Que siempre te dije la verdad, lo sabrás al final. Que te amé infinitamente y que no lo quisiste ver, no lo quisiste creer y que por miedo a que fuera cierto y no saber qué hacer con algo tan puro te llenaste la mente de pendejada y media. Nunca supiste lo que querías. Solo tengo que esperar a que llegue ese día para que sepas lo pendejo que fuiste. Y el truco para no desesperar es que me deje de importar. Distraerme. Será difícil pero lo haré. Me distraeré.
Una vez dijiste muy seguro de ti que no te importaba salir lastimado. Y sabes? Yo quería que fuera verdad. Que no te importara si te lastimaba o no. Porque a mí no me hubiera importado si lo hubieras hecho. Tenía demasiada fe en que ahora si había encontrado a la persona a la que podía amar con todo mí ser. Di un puto salto de fe a lo pendejo. Yo ESTUPIDAMENTE te seguiría amando como siempre a pesar de cualquier pendejada que hubieras podido hacer. Porque para mí el amor lo puede todo, lo cura todo. Te amaría más para que dejaras de hacerlo. Pero no. Quien sabe qué chingados nos vimos. Para qué jodidos continuamos. Pura pendejada salió al final. Nos lastimamos sin querer.
De repente perdí la noción de qué era lo que me gustaba de ti, de qué era lo que veía en ti. En algún momento todo tenía razón lógica. Después me dejé llevar. Te quise por sobre todas las cosas. Te quise como a nadie. Me hice tuya como de nadie. Y tú. Culero hijo de la puta mierda te dedicaste a sabotearnos. A sabotearte tú solo. Quise ayudarte y siempre me mandaste a la mierda. Me desviví por demostrarte, por hacerte ver. Porque creí que eso querrías de un amor verdadero. No sabes cuántas ganas tenia de ser feliz, de amarte, quererte, hacerte feliz también, darte lo que quisieras lo tuviera o no. Esa siempre era mi razón para continuar.
Maldito estúpido, pinche enfermo mental. Culero. Pervertido sexual. Dañado social. Mediocre emocional. E infinidad de adjetivos que te mereces. Pero yo soy peor que todo lo malo que te pueda decir porque te amo. Porque te sigo amando. Tal vez ya no más y más pero si igual. No he podido dejar de hacerlo. Yo soy más pendeja y culera, estúpida, imbécil. Mediocre, enferma mental por querer darte todo cuando ni siquiera lo valoras. Cuando ni siquiera estas seguro de qué chingados es lo que quieres.
NO DEBÍ QUERERTE tanto. No debí ser tan estúpida. Por qué pendejamente pensé que me podía enamorar completamente de ti? Hasta de tus pinches defectos. Cómo es que fui a tolerar semejantes faltas de respeto? A perder tanta dignidad, tanto valor propio. La única respuesta que aunque no me satisface pero me consuela es que te amé de verdad. Todo este tiempo. No debí entregarte todo. Debí seguir a mi instinto. Debí alejarme de tu locura, de tu desconfianza, de tu adicción que al principio me pareció divertida y que al final solo agudizó tu pendejéz. Solo te hizo pensar más y más a lo wey. No debí amarte sin medida. Sin miedo. Sin tapujos. Debí guardar mis reservas. Debí haber puesto trampas, marcas. No sé. No debí ser tan estúpida.
Ahora. Ya no tengo ganas de volverlo a hacer. No tengo ganas de volverme a enamorar, volverme a entregar. Todo te lo quedaste tú. Ahora ya estarás satisfecho y feliz. Que no solo me jodiste mi estilo de vida sino también mi forma de amar. De querer. De ahora si mandar a la verga eso de entregarme. De mostrarme por completo. Ya estarás contento. De ahora saber que no quiero volver a estar con nadie más. De ahora si solo jugar con cuanto pendejo se me ponga enfrente. Engañar. Aprovechar la situación. Puta madre! Ahora si me voy a divertir!
De qué valió tanto pinche amor, tanto pinche esfuerzo? De qué valió tanta mamada? Puta madre! Carajo! Porque no entiendes que te amo! Qué chingados necesito hacer para que me creas? Para que te des cuenta! Ya no soporto tanta desconfianza, tanta locura. Tanto dolor. Podemos ser felices! Déjanos ser felices por favor! Ya no sé qué más decirte. Qué más hacer. Quizá solo esperar. Estar ahí para cuando decidas volver. Decidas estar bien. Decidas aceptar lo que te doy. Cuando dejes de pensar que no te amo, que no te quiero. Que no lo eres todo para mi.

lunes, 17 de marzo de 2014

Vueltas

Porque le di vueltas y vueltas a mi corazón. Deshaciendose de lo que le dolía entre tus manos. En cada giro se guardaron los besos y las caricias que me estremecian.

Y por qué sin ser algo mío yo te pienso? Yo sin saber el por qué te extraño veo tus ojos en la oscuridad. Mirándome como esa noche.  Me quedé con ganas de descubrir qué es lo que callas. Me alegro cuando me hablas.
Me despierto en mis sueños junto a ti esperando terminar algo que dejé inconcluso. Muy poco te conozco. No hay razón para quererte pero mi corazón te llama. Y ahora sólo deseo volver a dormir y dejar de pelearme con mi.insomnio. Y sólo porque tu estas ahí...

Insomnio



Después de tanto insomnio. De tantos y tantos restos de heridas desbordándose en la madrugada. Desperté extrañándote. Soñar hasta llegar a no saber quién soy, no saber quién eres. Desconocer mis sentidos, mis latidos, mi piel. Despertar y saber que no podré tener abstinencia de ti. 
Despertar. No poder necesitarte por no poder tenerte. Quiero dormir aun más. Para volver a tenerte entre recuerdos, sueños casi reales. Ya basta de robarle momentos al alba, a la noche, a la madrugada. Las cicatrices se van desvaneciendo mientras tu boca se desliza por mi cuello, por mi espalda. Así como tus manos le enseñaron a las mías que aprendieron demasiado bien y demasiado rápido.
Sintiendo tu calor que me envuelve por los hombros y tus manos que caminan provocándome frio recordando que solo es el viento entrando impune por la ventana.
Vendí las alas para poder convertir la imaginación de mi atormentado corazón en la realidad de tus besos estrellándose en mi frente. Se van convirtiendo tus brazos los únicos que pueden protegerme y ahora estoy indefensa siendo propensa a caer como víctima de este mundo cruel.
Eres la herida que cura haciéndome sangrar de nuevo por no quererla cerrar, sangrando rodeada de un bello aroma perturbador. Me descarno en cada centímetro de distancia y me arrastro en el agua de mis fugas saladas hasta el momento en que tu calor evapora mi frio en un torniquete febril que giras al rededor de mí.
Vuelvo a respirar despacio después de haber perdido el aliento para no esfumarte con el aire que en su melodía pronuncia tu nombre. Ambos se desvanecen como cuando las cenizas de mi hoguera se extinguen y te ve partir. A lo lejos, en mis sueños. En la profundidad de mi almohada.








 

Desconocido



No había razón para salir del pensamiento cotidiano. Para ponerle atención al entorno. Sin embargo algo cambió. Y ahí estaba. Un perfecto desconocido que cuando percató la mirada solo lanzó una sonrisa sin saber hasta quien llegaría. Lo que de un solo momento se convirtió en un sello. Algo que no se podrá olvidar. 

Y así. Cada vez verlo salir, hablar y sonreír distraía a mi alborotada mente. En mi vida había querido encontrar una persona con quien soñar sin que lo supiera. Y he lo ahí parado casi junto a mí. Sin saber que le escribo. 

Compararlo con un sentimiento que confunda al corazón. Y lo más bello es no saber. No sentir. Que hay alguien que se va a morir por besar su boca. De lejos. En las tinieblas de la ignorancia. De un ardor que en su brazo el fuego me aprisiona. Esperar al siguiente día para volverle a ver. Sentir culpa por no poder, por tener ocupado el corazón. Y de que solo verlo se llega a pensar que quizá sólo por él se pudieran probar los sabores de la promiscuidad. 

Pero no hay que decir nada. Todo un secreto. Será como aquel amor de tu vida que ves al bajarte del vagón en el tren. Se cierran las puertas y no lo vuelves a ver. Pero es inevitable ver sus ojos. Apagados y dulces. Su sonrisa ligera. La forma despreocupada de aparecer, de estar e irse. Dejando una estela de ganas de querer mirarle más. Lo sabrá? 

Cómo sería escuchar su voz de cerca? Conocer el olor de su cuello. Ya no ver sus ojos de lejos. Probar su boca. Oh no. Ya voy a empezar a desvariar. Pero en esta distancia es perfecto. No da miedo. No genera confusión. Quizá solo adicción. Pero pues qué más da. Si nunca lo sabrá. Seguiré deleitándome con su esporádica presencia.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Días nefastos.



Estos días han sido… nefastos. Esperando que pasen los minutos, las horas, todo; rápidamente. Esquivo uno tras otro mis pensamientos, esos recuerdos; para no llorar. Porque llorar me debilita en instantes. No sé cómo es que tanta agua puede salir de mí. Con tanta prisa, sin curar, sin limpiar, sin ahogar nada más que a mi alma.

Espero y me miento. Que nada de esto está sucediendo. Que estoy aquí temporalmente. Esperando a que vengas por mí por mutuo acuerdo. Pretendo sentirme como si nada pasara. Pero algo me delata sin avisar.

Por las noches anhelo tenerte a mi lado. Sentir tu calor. Tu cercanía. Escucharte respirar mientras duermes. Abrazarte y meter mis pies helados bajo los tuyos. Calcular el peso de tu brazo sobre mí. Oler tu espalda, tu cabello. Acomodarme sobre ti. Quedarme dormida sin darme cuenta y entre sueños saber que sigues ahí junto a mí. Acomodarnos sin saber, sin intención, pero siempre terminar juntos y amanecer así, tomados de la mano.

Me miro al espejo, cansada de tanto llorar, reconociendo tus ojos, tu sonrisa, tu mirada, explorando cada parte de mi rostro seco y húmedo, pálido y sumido, mirándome como te miraba a ti, recordando cuando me mirabas y te preguntaba qué era lo que observabas. Comparar lo bello que describías y la imagen en el reflejo.

Mirándome como te miraba a ti. Quebrándome en llanto nuevamente. Lo dije ya. Días nefastos. Intentando congelar en mi mente al despertar cada instante amaneciendo a tu lado. Recordando los deseos de querer parar el tiempo a tu lado sin dejarte despertar, continuando alentando a tu sueño, tu apacible momento.

Cierro los ojos y veo mi cuerpo desnudo, veo tus manos, tus caricias y tus besos. Veo tu fuerza, tu respiración agitada, tu calor. Tu ternura y tu pasión. Abro los ojos y me encuentro abrazándome tan fuerte como si temiera desmoronarme sin lograr seguir ejerciendo presión sobre mi pecho con mis brazos. La falta de aire mientras la asfixia se apodera de mis pulmones. Un grito, un quejido ahogado en la garganta.

El piso frio cubriéndome de principio a fin. Como dije. Días, noches… nefastos.