Ahora sentiré todo lo contrario. Odiaré tu cuerpo, me darán asco tus besos, me enredaré en otras bocas y me sumergiré en otros brazos.
Callaré mis te quiero con mi puño enfurecido por el odio y dolor que impregnaste con tus caricias en mí.
Gritaré tu nombre en las tinieblas hasta que se desintegre en ella para no volver a mencionarte jamás.
Mariposa negra que con sus alas seductoras se posó en mi corazón, soltando su veneno en el que me ahogo hoy.
Borraré cada huella que dejaste quemándote en mi recuerdo hasta poder soplarle como viento a las cenizas de ti.
Me perderé en la locura y fingiré que estoy cuerda para ya no pensarte, no recordarte, no extrañarte, no morirme a cada instante… porque ya no estás.
Si pudiera, cortaría cada célula que tocaron tus manos, cada poro que besaron tus labios y no ya sentirte con el viento que me sopla al oído tu respiración.
Me arrojaré al vacío de tu ausencia y llenaré de soledad mi alma hasta explotar en mil pedazos y haber muerto con la sensación de no conocerte… porque ya no estás.
Precipicio profundo que fueron tus ojos arañando por completo mi ser. Desgarrando cada espacio que aun quedaba intacto dentro de mí.
Devorando mi cuerpo a tu antojo y profanando los más secretos deseos de mi mente y mi alma.
Maldito el momento en el que me fundí en tu aroma y perdí la noción de mi misma.
Maldita la hora…
Maldita la hora…
Porque yo ya no estoy…Porque tú ya no estás.