jueves, 10 de febrero de 2011

Dolor

Hoy me pregunté por qué soy tan cruel con mi amor. Sólo pude responder que no era yo. No era yo, ni siquiera tú. Era mi dolor. Mi pobre dolor que no descansa igual que yo. Que igual que yo tiene que soportar tus travesuras. Y por ende sus castigos. Mi dolor no avisa, sólo me busca y cuando me encuentra se encarna en mi ser. Me succiona la sangre cual sanguijuela que sólo daña. Se deleita haciéndome efecto y huye apasionadamente de mi amor. El dolor termina siendo el malo del cuento. Pero él es quien me hace ver mi realidad. Quien me hace pensar y darme cuenta. Mi dolor busca morir o seguir viviendo haciendo pagar la estupidez de mi corazón. Dolor. Maldito pero tan sabio dolor. Siempre ha tenido su razón de ser.

Tristeza

Siento tanta tristeza, tanto dolor, tanto frio. Lamentablemente estas sensaciones no te borran de mi pecho. Tu recuerdo me asalta cuando quiere, tan de repente. Cuando menos me lo espero. En quien menos me lo espero. A veces me asusta, a veces me hace pensar que sabe que no me puedo defender. Intento distraerme pero cuando acaricio mi cabello, lo miro contra el sol y veo tu color, veo las hebras de tu pelo virgen que inconsciente el mío intenta imitar. Recordarte sólo me da más frío, más dolor, más tristeza. Congela mis dedos y no hay nada que me frote lo suficiente para poder alejarlo. Ni mis ojos parpadean, ni miran, ni observan, ni ven. Sólo se nublan de locura. Es como si todo el mundo me oprimiera al mismo tiempo. Como si separara el color de la vida y todo fuera gris.

Cómo ignorar la forma en que me quiebras? Cómo borrar cada herida que está sobre mí y bajo tu mano. Cómo te atreves a esperar me sienta capaz de entender, valorar y saber lo que está fuera de mi entendimiento. Cómo mantenerme en pie cuando a cada paso que doy pierdo el equilibrio y no hay nada que me salve del golpe del piso. Ya no están tus manos, ya no está tu alma escuchando a la torpe de la mía. Dejarte es mi intento desesperado de probar que puedo vivir sin ti, que no me eres necesario para vivir, que no me haces falta. Ni tú ni tus palabras ni tus caricias. Nada. Ni siquiera tu presencia o tu recuerdo en mi mente.