Hoy me pregunté por qué soy tan cruel con mi amor. Sólo pude responder que no era yo. No era yo, ni siquiera tú. Era mi dolor. Mi pobre dolor que no descansa igual que yo. Que igual que yo tiene que soportar tus travesuras. Y por ende sus castigos. Mi dolor no avisa, sólo me busca y cuando me encuentra se encarna en mi ser. Me succiona la sangre cual sanguijuela que sólo daña. Se deleita haciéndome efecto y huye apasionadamente de mi amor. El dolor termina siendo el malo del cuento. Pero él es quien me hace ver mi realidad. Quien me hace pensar y darme cuenta. Mi dolor busca morir o seguir viviendo haciendo pagar la estupidez de mi corazón. Dolor. Maldito pero tan sabio dolor. Siempre ha tenido su razón de ser.
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