jueves, 17 de junio de 2010

Inesperado final

Se acabó. Ya todo terminó. Esto es el final. Todo queda atrás. Ya no hay más que decir, no para ti. Ya no hay más que sentir, no por ti. El amor ya se fue. Es la última vez. Hizo sus maletas y a nadie esperó. Es el final de tu voz.
Hay que impedir, para que deje de crecer hay que detener al dolor.
Aquí está el beso que me alcanzaba hasta morir. Te devuelvo las caricias del volcán. El viento de los mares. Aquello que no llego y lo que nunca volverá.
Apaguemos el brillo de la linterna absurda. Ya no quiero mirarte a los ojos. Ya no puedo mirar aquello con lo que me lastimas. Ya no puedo seguir siendo testigo de lo con que me amas.
No voy a cambiarte. Tu vida no será otra. El amor no se equivoca. Somos nosotros quienes cometemos el error. Que cruel error cometí yo.
Ya no hay que decir lo preciso. Tener que callarme, olvidarte, pretender que eres ficticio. Sentir que no nos conocemos después de una noche de amor sin precedentes. De algo que no sientes.
No quiero enredarme más en tus palabras. Sentir que lo que siento por ti es complicado. Ser tuya y no ser de nadie. Quiero dormir. Ya basta de robarle momentos al alba, a la noche, a la madrugada.
Basta de gritar con el más potente de mis silencios. Agotar las energías de mi existencia. Entender que no te tengo. Hay que dejar de buscarte en todas partes.
Separar el alma con alma. Borrar tu silueta de mi cama. Olvidar que eras tú mi almohada. Sí, las cosas pasan.
No hacer sencillo lo complicado. Borrar este destino. Hoy ya no haría lo mismo. El error que viviré para siempre. Debí creer que no me quieres.
Debí creerlo.

Lárgate

Vete. Déjame en paz. Quiero que esto acabe ya.
Vete. Por favor, vete.
Me duele cada respiro, cada vez que abro y cierro los ojos en un parpadeo. Me duele, me destroza sentir el viento correr por las ventanas. Me duele despertar sola en mi cama abrazando la almohada. Duele, créeme que duele.
Por qué no te vas? Qué más quieres de mí si parece que nada te es suficiente? Vamos. Vete ya.
Aléjate de mí. Me ahogo en el mar de estrellas que dicen tu nombre, vuelo entre lágrimas que llevan dolor. La luna me arrulla y promete que estarás cerca de mí, que pronto vendrás pero sólo hay oscuridad y ya no es hermosa.
Me asusta, me hace gritar. Me aterroriza a cada instante en no estás, que me envuelve completa dejándome desamparada. Regalándome al frio, al sufrimiento y al castigo conveniente de no poder mostrarlo. Lo de siempre.
Sal de aquí. De aquí donde duele tanto. Donde arde en cada latido, en cada respiro. Sal. Vete ya.
Se opacan mis ojos. Se cierra mi pecho. Se oprimen mis puños. Se abre mi boca sin dejar salir ni un solo sonido, ni una sola palabra para llamarte. Mi cuerpo no funciona. Mi alma se vuelve loca dentro de su prisión.
Vete. O yo me iré.

Dejar de soñarte

Quiero dejar de soñarte.
Quiero volver a la realidad.
Quiero despertar para no sentir la tormenta de tu voz atraparme dentro de mí y ver que sólo hay soledad.
Quiero dejar de soñarte.
Quiero que se acaben los destellos de luz que me pierden en tu mirada.
Quiero que te terminen aquellos ganchos que se entierran sin piedad en mi alma y dejan abiertas heridas que no sanan con nada.
Quiero dejar de soñarte.
Quiero dejar de llorar lágrimas amargas cuando me arrancas sonrisas falsas entre almohada y almohada, entre sueño y pesadilla, entre nube y nube, entre luna y luna.
Quiero dejar de soñarte.
Quiero que te vayas porque te has convertido más en una pesadilla que en un lindo sueño. Porque todas las noches despierto gritando tu nombre en la oscuridad hasta que el mío desaparece en la inmensidad del intenso dolor que provocas como si fueras mi dueño.
Quiero que te alejes porque la vida se ha convertido en un martirio, a veces a tu lado y siempre cuando estoy sin ti.
Quiero dejar de soñarte.
Porque simplemente estoy perdida en dos mundos. Uno donde estás a mi lado y me llenas completamente. Otro donde te marchas, mientes, finges y todo es una linda ilusión.
Yo quiero… despertar. No puedo más.