jueves, 28 de mayo de 2009

Nueva Invitaciòn

Locura casi etílica movía mi cabeza. Luces azules, verdes y neblina blanca me protegían. Bebía mas veneno del que quería. Un sonido iba y venia en mis oídos desorientados hasta que el ardor de una punta incandescente me alertó. Me sacó de mi letargo químico y emocional. Giré la mirada en busca de una llama y ahí estabas tú, encendiendo no sólo el fuego de mi interior. Todo pasó tan rápido y raro. Pues cuando vi me despedía de ti y me encontraba en la realidad de mi vida llena de mareos crueles. Raro porque yo creía que eras tú el cínico que jugaba. Que jugaras no me importaba y no me importo. Yo quería jugar también. Me cuidaba así de lo engañosa que es la vida cuando el juego se volteó. Te importa más de lo que pensé. Así que ahora lucho contra mí. Pues quisiera que desde entonces no fueras todas las mañanas pesadilla cuando te desvaneces de mi lado. Quisiera que el estar junto a ti cada noche fuera real. Quisiera que fueras más que la imaginación de la briza fría en cada noche, que me acaricia bajo las sábanas despertándome al instante con tus ojos negros brillando en mi mente. Quisiera que fueras más que un holograma frente a mi cuando miro en alguna dirección, tú una y otra vez, cerca, parpadeo y lejos, aquí y allá. Es cuando entiendo que aquí no estás.

Darme cuenta cada mañana que el cielo es el mismo de ayer, acuchillando cada nube blanca en el cielo de pensarte, con los mismos trazos de luces rojas, violetas, azueles, naranjas y rosas, que ese mismo cielo de en la mañana es el mismo cielo del atardecer cuando te extrañé, cuando te pensé y utilizas tu sonrisa como un faro que hace que me pierda en ilusiones de escuchar tu voz impregnando cada nota en los rincones de mi cuello hasta mis oídos. Hacer crecer tu cabello de nuevo enredándole mis dedos, atrapándote frente a mí un momento más.

Por qué callarme que no me importa más el extraviarme en uno de tus besos, caer inconsciente entre y ante el humo de tu presencia, si el sabor amargo de tu bebida se vuelve dulce elixir con tu mano presionando mi espalda.

Reconocer los bordes de tu boca con cada movimiento inmunizándome ante el dolor que me ata en todas sus formas. Tal vez tú veas mi triunfo pero yo sé que eso no me hace digna de ti como para llegar al punto de cambiar de lugar y seas tú quien no deje de pensar en mí.

La muerte ya no me asusta y, si la felicidad me está vedada, procuraré esperarla con ansias desenfrenadas. Te aceptaría como una extensión pero aun lo considero imposible.

Lucho porque no quiero creer que eres quien yo creo en caso de que lo seas. Solo una distracción. Prefiero ver más allá del horizonte pero sin perderte. Así que no lo sabrás.
Permíteme entender tus palabras distraídas y tan cuerdas de esa vez. Déjame encontrar el sentido del lenguaje de tu cuerpo que me hechiza con cada movimiento. Deja que mis palabras te engañen esta vez con la verdad de lo que piensa mi segundo nombre, que Ana y Cristina no son la misma persona. Una quiere comerte de pies a cabeza y la otra quiere corres despavoridamente lejos de ti.

Lo que es cierto y no me incomoda es la noción del poder que tiene tan solo uno de tus besos. Fue delicioso el volver poder besarte y aun más saber que finalmente fui valiente y obtuve lo que quería desde hace tiempo: volver a tenerte para mí.

Ando ansiosa por encontrar una nueva invitación…

Envidia al viento.

La soledad suena a cascabeles, suena a lluvia, suena a gritos. Suena a que nadie la escucha.
Cierro los ojos, hay oscuridad. Los abro: sólo oscuridad. Ya no temo a la noche, ni a sus estrellas ni a sus demonios. Simplemente te temo a ti. A tus estrellas y a tus demonios.
Sólo cerraré los ojos: es mejor vivir sola, en la noche.

Escucho a la lluvia llamar a mi ventana, cada gota que cae sigilosamente y otras se estrellan en el cristal…
Y es que el cielo no quiere interrumpir mis pensamientos…
Sabe que pienso en ti todo el tiempo.

En esta esquina, en la de siempre, ronda cada uno de mis sueños. Mis alas nuevas; no las veo. Tal vez aun no las tengo.

Aquí aguardan mis esperanzas, en este gran árbol, en este nido, en este arrollo que son mis ojos, mi mente, mi cuerpo y mi alma. En este mismo lugar te seguiré esperando, todas las noches de Luna llena, como aquella noche, como aquella hermosa noche.

Quizá yo misma soy la noche, soy el silencio, soy el abismo, soy el suplico, soy el suplicio que nace tras la madrugada, soy la sombra que descansa en la silla mirando con envidia cómo te acaricia el viento.

O quizás yo misma soy mi agonía, soy el recuerdo de ayer cuando vivimos. Yo misma soy el recuerdo de ayer. Yo misma soy mi soledad y mis ataques, la suave lluvia. Y en mis pasos las horas rotas de los momentos que te amé, que te amo todavía.

Quizás yo misma soy mi locura en este sueño plateado y el resto de mis demonios me asechan justo cuando mas te extraño.

A veces pienso que soy el aire que ronda tu cuarto, que se ahoga lento y permanece olvidado. Me muero con mis abrazos, con mis lagrimas sin remedio, con este y todos mis te amo. Yo misma soy mi agonía, soy el castigo. Yo misma soy el olvido, soy la insaciable esencia que vela tu sueño y que sigue mirando con envidia al viento.

Soy el abismo, soy el silencio y quizás, sólo quizás, soy la noche que observó tristemente tu partida.
Despiertas, cierras la ventana.
Y luego, ya no hay nada que amar; maldita sea.
No. Ya no.
Me rindo.

Porque todo esto me traga y me desintegra, porque cuando empiece un recuerdo lo destruiré de inmediato interrumpiéndolo con otro recuerdo que no sea de ti. Es todo.
No más luchas absurdas. No más por lo que no es para mí.
No más lagrimas estúpidas, no mas heridas a mi pobre alma.

Se acabó la envidia, mi envidia al viento. Porque quizá. O muy probablemente, yo, ya no sea yo.