Imaginándome volviendo… imaginando que nada ha pasado… no duermo. De qué sirve que pidas que vuelva si no vuelvo como yo quiero. Como tal vez nunca he estado. Volvería y volvería sólo por ti pero no tiene sentido que vuelva cuando sé que de nuevo no estarás ahí. Dime amor, para qué, a qué vuelvo.
Mi infantil actitud, mi soberbia manera de llevar la vida, mi fragilidad ante tu sonrisa… todo lo vuelve más complicado. Sabes que tu amor me hiere, sabes que por eso amores más simples me engañan. Nunca había entendido la forma en que me amas. Siempre pensé que no lo hacías. Ahora que sé que tu amor no es el que yo quiero aunque me ames. Yo también te amo. Así como sé que tú me amas y dentro de ti así será siempre, así será siempre dentro de mí.
Me siento desesperada por volver al momento en donde no te había conocido para conocerte después y no cometer los mismos errores. No hay nada que me avergüence ni nada de lo que me arrepienta pero siento que no estaría tan cerca del precipicio como ahora.
Y aunque muchos de esos errores me han acercado a ti, también me han alejado discretamente Y me han dejado tan lejos que te extraño en este momento, tanto que ya no te siento. Que siento que te pierdo, que te he perdido. Que no quiero que sea así. Que estés ahí como dijimos. Aunque no estés. Lo he entendido muy tarde.
Mira qué tan egoísta he sido. Siempre pensando en mí y dejando a un lado a los demás, en específico a los que amo. Mira cómo les he hecho daño, cómo los he decepcionado. Mira cómo cada segundo que pasa los llevo conmigo a la perdición y al dolor que provoca mi estupidez.
Quisiera culparte, quisiera culparlos pero en realidad las decisiones han sido mías. Es un pequeño infierno que he creado. Lamento no tener las ideas en claro.
Lamento ser la criatura que apareció para aturdir el camino de todos los importantes en mi vida. Quisiera que muchas de las cosas que ahora son no fueran así. Quisiera no haberme perdido.
Me perdí. Perdóname. Perdónenme. Te fallé. Les fallé. Me fallé. Perdón. Por fallarte. Sé que mucho, si no es que todo lo que he hecho, nunca lo esperaste de mí. O nunca pensaste que fuera tan inconsciente o tan estúpida como para hacerlo.
Me consuelo y sólo puedo imaginarme nuevamente entre tus brazos. Sólo puedo pensar una y otra vez besando tus labios. Vuelvo a sentir entre mis manos el calor que se escondía bajo esa capa de satín azul. Quiero recibir al amanecer con los brazos alrededor de tu cuerpo otra vez.
Toreando a tu boca, casando a tu cuello, protegiéndome la espalda de esos besos que dijeran lo que tanto esperé escuchar. Chocar tu respiración contra la mía y dándome cuenta de que todavía me haces suspirar. Defendiéndome de y provocando esas miradas que calmaran la tristeza inevitable de mi alma.
Esa lejanía que se perdió con tan sólo haber tomado tu mano para que me atraparas entre tus brazos, para que, aunque no lo dijeras, no pudieras ni querías dejarme ir. Un amor tan interminable como esa noche, esa madrugada, esa mañana. Así es nuestro amor. Amor a distancia, amor a discreción.
Estamos perdidos dentro del otro sin posibilidad de salir. Por eso no hay temor a la locura, por eso volvemos uno al otro siempre.
Sentí tu calma, sentí tu alivio al tenerme, verme cerca de ti. Como si desearas que siempre fuera así. Recostada en tu pecho, escuchando tranquila tu corazón. Por primera vez supe dónde estaba mi lugar. Junto a tu corazón, junto a tu alma, a tu lado. Ahí.
Odio que esos momentos me duren tanto sin estar a tu lado y sobreviva recordando como si hubiera sido ayer. Tal vez sea ese miedo enorme de perdernos, que nos traga y nos defiende de nosotros mismos. Tal vez sea que sabemos que siempre será así, por partes, por momentos. Por huidas del mundo real.
viernes, 5 de noviembre de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)