lunes, 17 de marzo de 2014

Insomnio



Después de tanto insomnio. De tantos y tantos restos de heridas desbordándose en la madrugada. Desperté extrañándote. Soñar hasta llegar a no saber quién soy, no saber quién eres. Desconocer mis sentidos, mis latidos, mi piel. Despertar y saber que no podré tener abstinencia de ti. 
Despertar. No poder necesitarte por no poder tenerte. Quiero dormir aun más. Para volver a tenerte entre recuerdos, sueños casi reales. Ya basta de robarle momentos al alba, a la noche, a la madrugada. Las cicatrices se van desvaneciendo mientras tu boca se desliza por mi cuello, por mi espalda. Así como tus manos le enseñaron a las mías que aprendieron demasiado bien y demasiado rápido.
Sintiendo tu calor que me envuelve por los hombros y tus manos que caminan provocándome frio recordando que solo es el viento entrando impune por la ventana.
Vendí las alas para poder convertir la imaginación de mi atormentado corazón en la realidad de tus besos estrellándose en mi frente. Se van convirtiendo tus brazos los únicos que pueden protegerme y ahora estoy indefensa siendo propensa a caer como víctima de este mundo cruel.
Eres la herida que cura haciéndome sangrar de nuevo por no quererla cerrar, sangrando rodeada de un bello aroma perturbador. Me descarno en cada centímetro de distancia y me arrastro en el agua de mis fugas saladas hasta el momento en que tu calor evapora mi frio en un torniquete febril que giras al rededor de mí.
Vuelvo a respirar despacio después de haber perdido el aliento para no esfumarte con el aire que en su melodía pronuncia tu nombre. Ambos se desvanecen como cuando las cenizas de mi hoguera se extinguen y te ve partir. A lo lejos, en mis sueños. En la profundidad de mi almohada.








 

0 comentarios:

Publicar un comentario