No quiero obligarme a asesinarte yo misma y tener que esconder tus restos enterrándolos debajo de mi cama.
No quiero tener que limpiarme después la sangre de las manos con las lágrimas que derrame por ti para que no me puedan delatar.
No quiero obligarme a matarte para esconderte aquí, siempre cerca de mí. Para pudrirme viva como ahora; poco a poco, pero junto a ti. Siempre cerca de ti. Esto nos dolerá. A mi tanto como a ti (o eso espero) y espero hoy no arrepentirme mañana.
Arrepentirme de haberte cortado, herido, destrozado mi Amor.
¿Qué no me crees capaz de hacerlo literalmente?
¿Qué pensarías de mí si te matara?
¿Qué pensarías de mí si te matara por amor?
¿Qué pensarías de mí si te matara para tenerte cerca siempre?
Para tenerte para mí y para nadie más.
Para que nadie más que yo pueda saber qué es besar tus labios.
Para que nadie más que yo pueda escuchar las palabras que algún día me dijiste al oído.
Para que nadie más se pueda ver rodeada por tus brazos en un abrazo fuerte lleno de desesperación como el que me dabas.
Para que nadie pueda ver tus ojos aclararse con los rayos del sol a contra luz como los veía yo.
Para que nadie sea feliz contigo más que yo.
Para que nadie más pueda ver tú sonrisa llena de alegría que me hacía sentirme dichosa a mí.
Para que nadie más que yo pueda sentir que se mata ella misma por no poder recuperar algo que no sabe a qué horas ni cómo perdió. Algo que le permitía respirar cada paso que daba. Algo que le daba fuerzas para seguir. Algo que fue lo más hermoso que jamás había tenido antes.
¿Qué opinarías de mí si me atreviera a matarte?
¿Qué opinarías de mí si de verdad lo intentara?
El escudo que me protege, no deja salir todo aquello que siento, en el momento que lo siento. Si saliera, créeme que ya habría ido corriendo a matarte con mis propias manos. Por el simple hecho de que no puedo matar el amor que siento por ti.
Por el simple hecho de que no puedo soportar estar lejos de ti.
Esto no es amor. O puede que sí lo sea. ¿Quién en verdad sabe qué es el amor?
Si unos juegan tan fácil con aquello que dicen que es.
¿Quién sabe de verdad qué es el amor? si otros morimos y nos pudrimos vivos con eso que creemos amor.
¿Qué no es todo el dolor y el sufrimiento en el que vivimos es todo lo contrario a eso?
¿Entonces quién dice qué es el amor?
Tal vez si sí te mato lo averigüe.
Alguien explíqueme esta sensación incontrolable de desesperación por no estar donde tú estás. Por no escuchar cerca que aún puedes respirar. Por no tocar y sentir el calor tibio que despide la temperatura de tu cuerpo aún vivo.
No te asustes con tanta declaración psicópata. Sólo piensa que si es verdad que te amo tanto en el momento en que te tenga enfrente no seré capaz de hacerte daño ni siquiera con el viento que salga de mi boca al pronunciar tu nombre.
Piensa que voy a caer rendida como un fervoroso ante su Dios para pedirle que haga de él lo que quiera. Piensa que aunque yo no quiera puedes hacer de mí una esclava. Piensa que aunque yo me oponga puedes usarme, burlarte y degradarme por ti.
Tengo razón. No, no es amor. Esto no es amor. Es una tortura que me invade de pies a cabeza. Apoderándose de todos y cada uno de los rincones de mi cuerpo. ¡Impregnándose cada día más en los poros y cada centímetro de mi piel! Con el dolor de mil dagas atravesándome al mismo tiempo a cada instante en que tu recuerdo sale de su cofre y se aloja en mi cabeza y en mi alma.
Si soy capaz de matarte entonces soy capaz de hacer cualquier otra cosa por ti.
domingo, 22 de febrero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario