Hay días en los que solo pienso en que llegue la hora de volver a verte. No tengo la suerte de encontrarte por casualidad. Difícilmente es poder concentrarme en algo importante que nos une y saber que tú estarás cerca al mismo tiempo. Me siento torpe y afortunada por darme cuenta de esa realidad. Desespero por ver llegar el momento de cruzar tu mirada con la mía al menos por unos segundos, queriendo gritar o soltar una gran sonrisa de satisfacción al coincidir con tus ojos al mismo tiempo. Mi cobardía impide cualquier palabra que yo te pueda dirigir. A veces quisiera convertirme en las paredes que te rodean, en la banca en la que te sientas, aquello que miras. Pero el destino conspira y me enseña que justo lo necesario te encuentro cerca. Se perdería la emoción de cada día, se perdería la alucinación de algo más, se extinguiría la esperanza de esa intimidad que ambos compartimos sin saber en lo profundo de nuestras mentes. Tal vez no sea nada, pero en esos momentos lo pareciera todo. Ya quiero que sea mañana y después de pasado mañana en fin de semana. Mírame sin hablar. Provócame sin que me de cuenta. Porque te miraré sin que te des cuenta y te provocaré sin hablar. Caigamos en la coincidencia de nuestras miradas y perdamos nuevamente la conciencia.
lunes, 21 de marzo de 2011
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