Me mata la infinita tentación de verte cada instante que pasas frente a mí, como niño que contempla la más dulce y rica golosina.
Sentir lo liso de tu piel entre mis manos, sorprendida por la calidez que combina en el brillo de tus ojos y tu sonrisa.
El contorno de tus cejas tan oscuras me pierde en su bosque nocturno al compás de tu voz, al compás de tu cuello, de tus labios, de tu boca… del sabor a chocolate tan amargo como dulce que desprendes dentro de mí.
Sabor que tal vez muera sin probar, rica miel que se unta en mi lengua cuando te siento cerca mientras un escalofrió recorre mis venas… sin tocarte.
Me rindo. No encuentro la manera de no derretirme a tus pies y fundirme en tu aroma con el vibrato de tu pecho cuando me atrapas justo ahí.
Yo ya no puedo, pues imágenes intermitentes de ti deslumbran mi razón haciéndome sonreír involuntariamente, mirando el vacío de mi alma que se cierra segundos envuelta en tus brazos inocente.
Con tu mirada fija en mis ojos, tu cercanía retadora, tu aliento y el mío mezclándose llevándome a la locura repentina que se apodera de mi mente olvidándome de mi.
Pensando sólo en abrazarte en ese momento y hundirme en tus labios, escuchar tu respiración, en lo suave de tus manos que erizan mi espalda, explorar cada rincón de tu cuerpo con el mío, olvidar que sólo estoy soñando despierta cuando estás a dos pasos de mí.
En tus ojos se esconden tantos destellos como estrellas en una lluvia de ellas de madrugada.
Brillos que quiero explorar uno por uno conjugados con una sonrisa.
Llenar cada poro con un beso en ti, detenerme por momentos ahí donde se eriza tu piel, caminar con mis dedos tu espalda, perforar con la mirada tus ojos, sellar lentamente con mi lengua tus labios y fulminar con mi locura inminente tu mente.
Perderme en tus brazos tantas veces como respiras, despertar con tu risa y tu aliento en mi oído…
Pero corro y me escapo como abeja herida de tu miel, de tus manos que queman en mi cintura y en mi cuello como cadenas en las muñecas y en los pies atándome a la prisión de tu ser.
Quiero terminar de extraviarme en lo que escondes. Encontrarte en lo que está a simple vista y sin embargo me pierdo.
¡Cómo gritarte en cada silencio que me tomes un poco y levemente hasta terminarme completa!
¿Qué es lo que esperas que yo haga para amarrarme con tu calidez y arrancar de mí mi propio ser?
Me eres fascinante ante la vista, el deslumbre de tus ojos impide que vea algo más.
Por qué no dejas que me quede ahí, entre tus brazos?
Roza una vez más con tu boca los lóbulos de mi oído.
Permíteme probar el dulce de tus labios antes de que muera de desesperación.
Quisiera poder dejarte entrar tan lejos como fuera posible pero sólo en la puerta te has de quedar.
No puedo inducirme a derretirme en tu piel para que te sacudas mi nombre como polen de rosa marchita.
Y si pudiera saber qué es lo que anhelas, si pudiera saber qué es lo que deseas, lo qué buscas en una persona aunque no sea como yo...
Tal vez así haría algo más interesante para llamar tu atención. Si no hasta dar todo eso y más.
Dónde queda mi valor cuando te acercas y te quedas a unos centímetros de mi nariz?
Tu mirada retadora no me intimida, me descontrola por dentro la intención con la que te acercas sin terminar de hacer lo que piensas.
Dónde queda mi fuerza de voluntad cuando me abrazas sin avisar?
Dónde rayos quedo yo cuando te sorprendo mirándome y no puedo alejar mis ojos de ti?
Si erizas mi piel con tu aliento en mi cuello, en mi nuca, con tus dientes en mi piel, jugando a morirme, jugando a provocarme y te diviertes.
Gozas sin saber que me quemas cada instante, sin saber que ando en el camino como zombi y floto en el aire simulando caminar.
Tú o Tú. Cuándo vas a dejar de fingir que hay algo en mí que quieres tener?
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