Besando el asfalto.
Cuando llueve de noche y entra el frío por mi ventana
A rastras por el piso llano de palabras hermosas
Y escucho cómo tu alma me llama.
Entre sueño y sueño me doy cuenta de tus suspiros
Cuando nuestros seres vuelan y se encuentran sin nuestro permiso.
Y tampoco es por lo que de la cálida caricia de tu voz
Me hacía estremecer en mis sentidos.
Alojándose en mi oído
Mientras la distancia pintaba finamente
La locura de nuestras almas.
Regalos fingidos como la mañana
La vida aturdida de extrañarte tanto
Y besar el asfalto por el cansancio de tanto gritarte.
Mampara reluciente
Del brillo de amor que emanan las capas
Separadas por el ovillo de confusiones
Y mentiras inexactas.
Cómplices de as lagrimas corrientes
Destilantes de acido vacio y doloroso.
Destellantes de amargura embriagante
Olvido recurrente a la esperanza.
Campanas retumbantes de amor torcido
Por inmadurez del destino
Capaces somos
De destruirnos a nosotros mismos
Con la espada desenvainada
De la vida torturante
Al camino petulante
Del amor y el exilio del alma.
Caminante que te envuelves en tristeza y melancolía
Para seguir tu camino
Andando con paso firme pero vacio.
Al conocimiento del amor herido y perdido
¿No es bastante el ya haber nacido?
Fronteras inalcanzables y transparentes
De la muerte
Por el adiós entretejido
Con furia y rabia
Que se desborda por el corazón partido.
Manos llenas de vacio
Impenetrable del calor y consuelo abatido
Calles inandables de largo y nulo colorido
Que sumergen al destino en una burbuja de alegría y valor marchito.
Alarmante rechinido de tristeza inexorable
Consciente de mi daño por haberte perdido.
Cuando llueve de noche y entra el frío por mi ventana
A rastras por el piso llano de palabras hermosas
Y escucho cómo tu alma me llama.
Entre sueño y sueño me doy cuenta de tus suspiros
Cuando nuestros seres vuelan y se encuentran sin nuestro permiso.
Y tampoco es por lo que de la cálida caricia de tu voz
Me hacía estremecer en mis sentidos.
Alojándose en mi oído
Mientras la distancia pintaba finamente
La locura de nuestras almas.
Regalos fingidos como la mañana
La vida aturdida de extrañarte tanto
Y besar el asfalto por el cansancio de tanto gritarte.
Mampara reluciente
Del brillo de amor que emanan las capas
Separadas por el ovillo de confusiones
Y mentiras inexactas.
Cómplices de as lagrimas corrientes
Destilantes de acido vacio y doloroso.
Destellantes de amargura embriagante
Olvido recurrente a la esperanza.
Campanas retumbantes de amor torcido
Por inmadurez del destino
Capaces somos
De destruirnos a nosotros mismos
Con la espada desenvainada
De la vida torturante
Al camino petulante
Del amor y el exilio del alma.
Caminante que te envuelves en tristeza y melancolía
Para seguir tu camino
Andando con paso firme pero vacio.
Al conocimiento del amor herido y perdido
¿No es bastante el ya haber nacido?
Fronteras inalcanzables y transparentes
De la muerte
Por el adiós entretejido
Con furia y rabia
Que se desborda por el corazón partido.
Manos llenas de vacio
Impenetrable del calor y consuelo abatido
Calles inandables de largo y nulo colorido
Que sumergen al destino en una burbuja de alegría y valor marchito.
Alarmante rechinido de tristeza inexorable
Consciente de mi daño por haberte perdido.
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